
(Dit artikel staat vandaag op de Spaanstalige website van Radio Nederland Wereldomroep)
En Culiacán, la segunda ciudad más violenta de México, no hay más que cuatro postas de primeros auxilios, y solamente los enfermeros y enfermeras con más sangre fría siguen trabajando en la línea de fuego entre bandas rivales de narcotraficantes. Algunos de ellos han sido víctimas directas de la violencia.
Jan-Albert Hootsen
Alrededor de las nueve de la noche entra una llamada de urgencia. Los enfermeros suben de un salto a la ambulancia, que parte haciendo sonar la sirena. ¿Qué sucede? “Víctimas de un tiroteo”, dice el chofer, José Pablo Flores, de 18 años, sin ocultar su inquietud: “Esto no me gusta nada”, dice, “me pone nervioso”.
En un oscuro suburbio nos encontramos con las luces parpadeantes de los coches de policía, uno de los cuales se acerca a la ambulancia. El agente habla brevemente con el chofer y nos devolvemos a la posta. Falsa alarma, no se encontraron víctimas. “Puede que haya sido una broma”, dice José aliviado.
Durante el resto del servicio hay actividad normal. Entre las cinco de la tarde y las doce de la noche salimos siete veces, todas para atender accidentes de tráfico. Los choferes y enfermeras, casi todos jóvenes voluntarios, hacen su trabajo de manera excelente.
Luchas de territorio
No siempre hay tanta tranquilidad. Después de Ciudad Juárez, Culiacán es la ciudad más violenta de México, con más de 500 asesinatos durante 2009. En lo que va de este año ya se han recogido centenares de cadáveres de las calles. En 2006, el presidente mexicano, Felipe Calderón, ordenó un operativo que puso en movimiento a 50 mil militares contra el narcotráfico. A pesar de ello, en el norte de México la violencia ha ido en aumento.
Culiacán es la capital del Estado de Sinaloa, sede del cártel del mismo nombre, que lleva adelante una sangrienta lucha territorial con su rival, el cártel de Juárez. Especialmente durante la noche Culiacán es escenario habitual de tiroteos y ejecuciones.
Esta situación hace que el trabajo en la posta de la Cruz Roja sea de alto riesgo. A comienzos de marzo, la enfermera Genoveva Roguer, de 20 años, resultó muerta por una bala perdida.
La Cruz Roja suspendió sus actividades durante dos días. “Fue algo muy duro para todos nosotros”, dice Marco Antonio Carrillo, director de la Cruz Roja de Culiacán: “Genoveva fue alcanzada por un tiro en la cabeza cuando se encontraba en la sala de radio. Un grupo de narcos había traído un herido y se desató una balacera con miembros de otra banda. Genoveva no tenía nada que ver con ninguno de ellos”.
Medidas
Ahora hay vigilancia con cámaras y guardia permanente en la posta de primeros auxilios, y cuando entra una llamada de urgencia relacionada con disparos, la ambulancia solo acude al lugar cuando hay policías que la escolten. Pero, de cualquier manera la tensión no baja.
“Genoveva no fue la primera víctima de la violencia criminal. En los últimos años hemos tenido muchos casos de agresiones y amenazas. Hace un par de años un paciente fue asesinado a tiros en la ambulancia, a corta distancia de los paramédicos”, relata Humberto Bastidas, encargado de la radio, en la misma oficina donde cayó muerta Genoveva.
En el lugar de descanso de la posta encontramos a Elsa Magaly Verdugo, ama de casa y voluntaria de la Cruz Roja desde hace años. “A menudo mis hijos me piden que no siga viniendo, tienen miedo de que me pase algo malo. Yo no puedo estar sin ayudar a la gente”. Elsa ha pasado por situaciones de peligro. “Una vez nos sentimos muy amenazados. Traíamos a una víctima de un tiroteo en la ambulancia y fuimos seguidos por una camioneta. Felizmente la cosa no pasó de ahí. A veces tengo miedo, pero el trabajo sigue adelante. No tengo planes de parar”.
Marcas de balas
Los demás tampoco se dejan intimidar. Desde la muerte de Genoveva en marzo, ninguno de los 42 voluntarios ha abandonado su puesto. El director Carrillo está orgulloso de sus ayudantes, pero sabe que la amenaza está siempre flotando en el aire: “todavía es pronto para saber si las medidas de seguridad son efectivas. La muerte de Genoveva fue un hecho aislado, pero en Culiacán siempre se corre el riesgo de verse envuelto en un tiroteo, aún cuando los colaboradores de la Cruz Roja no sean en absoluto un objetivo para los narcotraficantes”.
Más tarde pasamos en la ambulancia frente a una casa quemada, con marcas de centenares de balas. Hace algunas semanas, traficantes ejecutaron aquí a nueve agentes de policía. En Culiacán la violencia está siempre cerca, pero el personal de la posta de la Cruz Roja no dejará de atender las llamadas de urgencia.


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Con todo respeto, esa foto muestra unas ambulancias de la Cruz Roja, sí, pero de Monterrey. Y la nota habla de Culiacán.
@Marco
Es cierto
Es una foto temporal, mientras estoy tratando de convertir las fotos de Culiacan a un buen formato. Grax por el comentario!